El inicio de año, es un tiempo para reflexionar sobre lo que debe continuar y lo que debemos dejar de lado en nuestra vida y por supuesto es una oportunidad para fortalecer y madurar nuestra relación con Dios.

Separar los primeros frutos de nuestro trabajo para Dios, implica que los estamos consagrando. Los frutos consagrados como primicias se convierten ahora en semillas de justicia que serán levantadas como cosechas de amor en nuestras vidas y en la vida de otros. Es decir, todo lo que se involucra en las primicias será bendecido.

Cuando se da lo primero y lo mejor a Dios, como un principio de vida, como un propósito en el corazón, la prosperidad es una consecuencia sobrenatural, no un objetivo terrenal.

Y por cierto, ¿Como van esos propósitos de año nuevo?

CENTRO CRISTIANO VIDA NUEVA BOQUERON.